Qué hacer con los bienes de un fallecido. Pasos a seguir.

Cuando fallece una persona, sus bienes y deudas (si las tuviere), pasan a sus herederos (los que previamente ha fijado en su testamento y en su defecto, a los fijados por la ley). Sin embargo, estos bienes no podrán ser disponibles por sus recientes propietarios hasta que no se formalice el trámite de la adjudicación de bienes por HERENCIA que se realizará en supuestos normales ante un Notario Público. Una vez realizado este trámite, habrá que proceder a la liquidación del Impuesto de Sucesiones que corresponda y su inscripción en los registros de propiedad en el supuesto  que nos encontremos ante la adquisición de bienes inmuebles.

Para empezar, lo primero que tenemos que hacer si nos encontramos ante una situación así, es conocer que debemos realizar todo el trámite antes de que transcurran 6 meses desde el fallecimiento, puesto que es el tiempo que nos concede la ley del Impuesto de Sucesiones para que formalicemos la herencia. Pasado este plazo, aunque pueda realizarse con posterioridad, se girarán unos intereses moratorios y recargos que podríamos habernos ahorrado si lo hubiéramos realizado dentro del plazo legal establecido.

El primer paso es determinar si el difunto tenía testamento o no. Para ello, algo tan sencillo como acudir a una notaría con el certificado literal de defunción (que deberán obtener en el Registro Civil de la localidad en que se produjo el fallecimiento), donde le averiguarán cual fue el último testamento del fallecido, la fecha y el notario ante el que se formalizó, todo ello mediante la expedición del CERTIFICADO DE ÚLTIMAS VOLUNTADES (este certificado también puede ser solicitado por usted mediante el pago de una pequeña tasa ante el Registro de Últimas Voluntades de Madrid adjuntando el certificado de defunción y la cumplimentación de un impreso).

En dicho certificado nos dirá donde acudir al efecto de hacernos con una COPIA AUTÉNTICA del TESTAMENTO (no sirve con una copia simple, que es lo que tenemos en casa guardado, se trata de un documento imprescindible que emite el notario donde se formalizó el testamento y con posterioridad a la defunción). En el caso de acudir a una notaría, ésta se encarga de recabar el citado e imprescindible documento.

Si en dicho certificado nos indica que el finado no formalizó testamento alguno y no se conoce la existencia de ninguno (porque podría pasar que existiera, pero no hubiera sido inscrito en el registro de últimas voluntades), habría que acudir previamente a la formalización de la DECLARACIÓN DE HEREDEROS.

** ver el post sobre “¿estoy perjudicando a mis herederos si no hago testamento?”**

Partición de la Herencia

En el supuesto que nos hagamos con un ejemplar del testamento, y una vez que conozcamos las disposiciones testamentarias del fallecido, procedemos a hacer la PARTICIÓN DE LA HERENCIA(adjuntando la copia auténtica del testamento, certificado de fallecimiento y certificado de últimas voluntades) mediante la aportación de aquellos documentos que acrediten la existencia de bienes, derechos  o deudas u obligaciones, como podría ser:

–          En el caso de bienes inmuebles, escritura de compraventa e nota simple del registro de la propiedad que acredite la propiedad y su titularidad; así como último recibo de IBI y, si fuera posible, certificado de la comunidad de propietarios que acredite la situación de la propiedad.

–          En el supuesto de propiedad de cuentas bancarias o deudas (ya sean hipotecarias o personales): certificado del estado de las cuentas del fallecido emitido por la entidad bancaria correspondiente a fecha del fallecimiento del finado.

–          En el supuesto de vehículos o embarcaciones: documentación de titularidad de todos ellos.

–          En el supuesto de joyas de especial consideración habrá que hacer mención expresa de las mismas.

–          Valorar el ajuar doméstico.

Una vez tenemos toda la documentación necesaria para la formalización de HERENCIA, pasamos a describir QUIENES TIENEN QUE INTERVENIR Y FIRMAR ANTE NOTARIO la escritura pública:

1)   Supuesto normal:

– Si hay testamento: todos los herederos y legatarios, así como los que tienen derecho a legítima, se les adjudique algo o no en el testamento.

– Si no hay testamento: todos los que sean herederos según la declaración de herederos. En el reparto de la herencia no actúa el sistema de mayorías, sino el de unanimidad. Si uno de los interesados no está de acuerdo y no quiere firmar la escritura, no es posible formalizar una partición que podría llamarse “por mayoría de votos”, sino que hay acudir al juez.

Con carácter general hay unanimidad entre los intervinientes a la hora de formalizar la escritura de herencia, prestando su consentimiento a la misma, pero en el supuesto de que no existiera ésta ente los herederos: hay que acudir al juez, bien para que nombre un contador partidor judicial, que reparta los bienes de manera obligatoria entre los herederos (solución que no siempre es posible), bien para embarcarse en un pleito sobre la materia. Ambas soluciones son caras y poco deseables, y tienen costes no únicamente económicos, sino también personales, por lo que siempre se ha de intentar un acuerdo que las evite.

2)   Casos especiales: el contador-partidor.

El testador puede designar a una persona en el testamento que haga la partición. Esta persona es la encargada, dentro de la parte de la herencia que corresponde a cada heredero, de decir qué bienes se adjudican a cada cual. Su labor es muy útil, ya que si no hay acuerdo entre los herederos podrá realizar la partición y evitar tener que acudir al juez.

Si el fallecido estaba casado en régimen de gananciales, hará además, con el cónyuge viudo, la liquidación de la sociedad conyugal (es decir, determinará qué bienes corresponden al viudo por su mitad en esta sociedad, y cuáles son la herencia del fallecido).

Es aconsejable de todas formas, para evitar reclamaciones, que el contador-partidor consiga el acuerdo unánime de todas las personas que antes veíamos que tienen que intervenir en la partición, y que, por tanto, a la escritura de partición acudan el contador-partidor y todos ellos, pero en ningún caso este acuerdo es imprescindible. El contador-partidor puede firmar él solo la escritura de partición, salvo que el fallecido estuviera casado y tuviera patrimonio ganancial, en cuyo caso el viudo o viuda habrá también de firmar, pero no los herederos.

Tras todo ello y una vez realizada la liquidación de la sociedad de gananciales, en el supuesto que el finado estuviera casado en el momento del fallecimiento en el régimen matrimonial de gananciales, y descontados los bienes entregados en vida a los herederos, los bienes estrictos del difunto más sus bienes privativos configuran la masa ganancial sobre la que deberán determinarse las divisiones conforme al testamento o la ley (si no hubiera testamento).

Una vez formalizada la escritura de herencia, se generan unos gastos e impuestos que deben ser afrontados por los herederos y/o legatarios en función de la porción hereditaria que le corresponda. El importe vendrá determinado fundamentalmente por la regulación legal que se realice, el cual lo explicaré detalladamente en otro momento.

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